Niños con Altas Capacidades: Wellcome to the jungle

Por lo que sé por propia experiencia, y por lo que he podido recabar de distintos foros y asociaciones, la mayor parte de los niños con altas capacidades intelectuales terminan teniendo en algún momento graves problemas con el sistema educativo: con sus profesores, con sus compañeros, con su rendimiento escolar o con las tres cosas a la vez. No ayuda que los padres, y muchos profesionales, estén desinformados y confusos sobre lo que son las altas capacidades y cuál es el modo correcto de gestionarlas. Tampoco es positiva la postura adoptada por algunas administraciones educativas. En este artículo no vamos a ofrecer soluciones mágicas a todos estos problemas, pero sí vamos a aclarar conceptos básicos y retratar hechos difíciles de explicar.

¿Para qué sirve ser “listo”?

En primer lugar es necesario saber para qué sirve tener altas capacidades intelectuales: exactamente para lo mismo que ser alto o guapo o miope… Una cosa es que el cerebro de estos niños este “excepcionalmente construido” y otra que tengan ningún tipo de talento innato.

El Cociente de Inteligencia es en realidad un percentil con el que comparamos el desarrollo intelectual de un niño con el resto de la población de su misma edad. La información que nos muestra es similar a la que podemos sacar de las tablas de peso y talla con las que trabajan los pediatras durante los primeros años de vida. Tener un alto CI puede ser necesario para obtener un premio Nobel, pero en ningún caso es suficiente. No todos los muchachos que miden más de dos metros son Paul Gassol.

Los expertos en altas capacidades hablan de la diferencia entre “dotación” y “talento”. Mientras que el CI mide la dotación, o capacidad intelectual de un niño, sus talentos se refieren a las capacidades reales de “hacer cosas” que haya podido desarrollar mediante el trabajo y el esfuerzo.

Lo segundo que debemos saber es que la alta capacidad es un don difícil de gestionar. Estos niños presentan lo que los expertos denominan “disincronías”, que hacen referencia al hecho de que mientras unas facetas de su desarrollo emocional e intelectual están muy por delante de su edad cronológica, otras son completamente normales. En lo académico tienden a dejarse llevar por la ley del mínimo esfuerzo. Por otra parte son extraordinariamente autocríticos por lo que en muchos casos desarrollan problemas de falta de autoestima. Tienen un elevado concepto de la justicia, lo que les suele traer problemas con la autoridad escolar y en ocasiones con sus compañeros…

“Pues a mí no me parece tan listo”

Así pues ¿qué pueden hacer las familias y los centros educativos para que estos niños puedan desarrollar plenamente sus talentos y superar todos estos problemas? A este respecto tenemos que dejar muy claro un nuevo concepto: los niños con altas capacidades son alumnos con “necesidades específicas de apoyo educativo”. Esta es la forma que tiene la administración de decir estos niños tienen derecho a determinadas ayudas y adaptaciones en su escolarización derivadas de unas necesidades diferentes a las del resto. El tratamiento de las altas capacidades por parte de las distintas administraciones educativas es el mismo que para cualquier otro diagnóstico relacionado con el desarrollo del niño (más adelante explicaré porqué pongo en negrita la palabra diagnóstico).

Así pues, que unos padres quieran hacer pruebas para conocer el CI de su hijo no es un capricho. Son muchos los centros escolares que hacen gala de no haber tenido nunca un alumno de altas capacidades (yo mismo he visitado varios) y muchos los servicios de orientación que preguntan para qué quieren poner los padres esta “etiqueta” a sus hijos (también los he sufrido). Sin embargo, las altas capacidades existen y su detección es necesaria para abordar los problemas de estos niños y permitir el desarrollo de su talento. A este respecto recomendamos la lectura de la página web de Javier Tourón, en la que encontraréis varias entradas dedicadas a desenmascarar los mitos sobre las altas capacidades intelectuales. Os recomiendo empezar por aquí o por aquí

Las pruebas de CI, por sí solas, no son un instrumento válido para la detección de las altas capacidades. El propio Javier Tourón nos lo explica en esta entrada. Sin embargo, en el imaginario colectivo y en la normativa escolar, el CI sigue siendo la piedra de toque con la que detectar a los “superdotados”. Es este la principal causa de la escasa detección de estos alumnos, y no la procelosa “conjura contra nuestros hijos” que en algún momento sentimos todos los padres de niños con AACC. Volveremos más adelante a este tema.

¿Cuánto de “listo” es “muy listo”?

Es muy importante que padres que sospechen que sus hijos pueden tener AACC realicen las pruebas de detección utilizando los servicios de un buen profesional especializado en este campo. No se trata solo de pasar al niño unos test. Normalmente las familias han sabido siempre que su hijo era “especial”: caminaba antes del año, hablaba antes de los 18 meses, había aprendido a leer solo… pero normalmente es en torno a los 10 años cuando empiezan a aparecer los primeros problemas que les llevan a solicitar las pruebas.

Creo que es el momento de definir el concepto de alta capacidad intelectual,  y para ello nos ceñiremos a la aritmética del CI a pesar de que cada vez son más los especialistas que rechazan este modelo. Si realizáramos las pruebas de CI a toda la población obtendríamos un gráfico como el adjunto.

El 70% de la población está en valores de CI entre 85 y 115 y el 30% repartido entre valores inferiores y superiores. Se define que los individuos con más de un 130 de CI, aproximadamente un 2% de la población, tienen altas capacidades intelectuales. Es una convención totalmente arbitraria, “el 2% más listo”. No son ni muchos ni pocos, son el 2%. El problema es que el sistema educativo solo detecta y atiende a una pequeña parte de este 2%. En concreto, según los datos estadísticos ofrecidos por el MECD en el curso 2011-12 solo se detectaron un 0.16% de alumnos con altas capacidades, mientras que en el curso 2014-15 apenas se detectó un 0.35% de alumnos.

Detectar un 0,35% de alumnos con AACC es mucho mejor que solo un 0,16%, pero está aún muy lejos del 2% que sabemos que está ahí. Es más, el demonio está en los detalles. Por una parte cada comunidad autónoma mide variables distintas para aportar sus datos, por otra hay comunidades que están haciendo serios esfuerzos por la detección de las altas capacidades y la promoción del talento, y otras que continúan negando sus derechos a los niños con alta capacidad intelectual.

Ejemplos para escarnio de las administraciones educativas: Los datos de la tabla adjunta están sacados de las estadísticas del MECD y reflejan el número de casos de altas capacidades detectados durante el curso 14/15 por comunidad autónoma y titularidad de centro sobre el total de población.

Resulta sorprendente que en Murcia haya el triple de casos que en Madrid. Llama poderosamente la atención que Castilla León presente 5 veces más casos que Valencia. Es difícil de entender que en Cataluña halla más del doble de alumnos con AACC en centros privados que en los públicos.

Está claro que hay algo que funciona muy mal en los servicios psicopedagógicos escolares, estrepitosamente mal en algunos casos, cuando son incapaces de detectar a estos niños. No es una valoración, es un hecho.

De mayor quiero ser “Superdotado”

Unos padres sospechan que su hijo puede tener AACC y se ponen en contacto con el servicio de orientación psicopedagógica de su centro escolar ¿Como es el proceso que se pone en marcha y que implicaciones tiene? La selva burocrática de cada comunidad autónoma esconde sus propias fieras, pero en líneas generales este es el proceso.

En primer lugar hay que hacer las “pruebas de inteligencia” al niño. Hay que tener claro que las pruebas de para medir el CI son todas pruebas clínicas  y por lo tanto:

  • Solo pueden ser realizadas por profesionales sanitarios (en el caso de los psicólogos solo pueden realizarlas los que posean la especialidad clínica).
  • Antes de su realización los padres debemos firmar un consentimiento informado indicando las pruebas que se van a realizar, quién las va a realizar y con qué objetivo.
  • Al finalizar las pruebas nos deben entregar un informe que incluya las pruebas realizadas, la firma del profesional responsable y el diagnóstico obtenido.
  • Además, tanto la ley de protección de datos como la ley del paciente nos dan el derecho a acceder a TODA la documentación generada durante la realización de estas pruebas.

Ahora explicaré porqué la palabra diagnóstico es tan importante. En muchos casos no se están aceptando los diagnósticos privados que podamos haber realizado previamente los padres y se nos dice que es necesario que el servicio de orientación realice sus propias pruebas. No es el servicio de orientación del centro quien decide este punto sino la administración educativa de cada comunidad autónoma. Eso sí, bajo las mismas condiciones que las expuestas en párrafos anteriores. Es decir, necesitará nuestro conocimiento informado y debe emitir un informe completo por escrito. No vale con que nos digan de palabra que han hecho “unas” pruebas y que ha salido que sí o que no. Tampoco nos pueden decir que no pueden entregarnos las pruebas realizadas. Esta negativa puede denunciarse ante la Agencia Española de Protección de Datos.

Ya tenemos un diagnóstico de AACC. El siguiente paso es reclamar al SPE un “dictamen de AACC”. En realidad se trata de un informe sociopsicopedagógico elaborado por el servicio de orientación con la participación del equipo docente, de los padres y en ocasiones del propio alumno. Este documento debe reflejar las necesidades detectadas en el alumno y las medidas propuestas. Estás medidas están desarrolladas sobre tres posibles actuaciones.

  • Adaptación Curricular Individual Significativa, “ACIS” para los amigos
  • Flexibilización de curso por sobredotación intelectual
  • Acceso a un programa de diversificación curricular

A parte del efecto placebo que estas grandilocuentes palabras puedan tener, el contenido real de estas medidas para nuestro hijo dependerá del centro escolar al que acuda y del grado de implicación y profesionalidad de su gabinete psicopedagógico. Por ello el “dictamen” nos permite tener “preferencia” a la hora de solicitar plaza en un centro escolar que disponga de medios para cubrir sus necesidades específicas de apoyo educativo. Por último, el dictamen nos da acceso a ayudas económicas como las que concede el ministerio de educación para el enriquecimiento curricular de alumnos con altas capacidades.

¿Y si no me dan el dictamen?

Por propia experiencia sé que es muy difícil mantener la cabeza fría cuando ves que tu hijo tiene un problema que tú mismo no terminas de entender y tienes que hacérselo comprender a su profesor, a la dirección del colegio y al psicólogo del centro. Sin embargo insisto, no hay una conjura en contra del niño. Hay desinformación, desconocimiento, falta de medios, clichés obsoletos, prejuicios y mitos entorno a las AACC, pero no hay nada personal hacia vuestro hijo. Comprender este hecho nos ayudará a mantener una línea de comunicación con el colegio que no os ponga a vosotros y a vuestro hijo en una situación imposible.

Respecto a las pruebas privadas esto es lo que tiene que decir el tribunal supremo mediante sentencia del 12/11/2012, recurso de casación 3858/2011:

“…Como otra de las cuestiones planteadas en el recurso, puede señalarse la aportación y colaboración realizada por profesionales ajenos a la Administración educativa, lo que, como señala la Administración demandada, si se prevé en la Resolución de 21 de diciembre de 2005, pero se echa de menos que ello fuera expresamente incluido en la Orden y que, incluso, pudieran sustituirse actuaciones puntuales de la Administración, si se considera pertinente por la Administración, ya realizadas y correctamente motivadas e informadas por profesionales ajenos a la Administración, evitando la reiteración de actuaciones sobre el menor que ciertamente pueden llegar a ser perjudiciales, pero ello como decisión exclusiva de la organización educativa y en aras a la primacía del interés del menor, correspondiendo a la Administración la toma de dichas decisiones, pero sin que ello pueda estimarse cumplido, como indica la contestación a la demanda, por la mera negativa de los padres a la práctica de exploraciones del menor, se debe justificar la necesidad de realizar nuevas exploraciones si ya consta la existencia de informes técnicos suficientes y motivados. La negativa de los padres lo que conllevará es un informe psicopedagógico final contrario a los intereses de los padres o simplemente de carácter omisivo, no se ha podido realizar el informe por lo que no se propone medida alguna especial en relación con el alumno en cuestión, ello no basta para estimar que se respeten adecuadamente los derechos e intereses del menor. Los informes externos no van a suplir nunca la decisión de la organización educativa, ni tampoco van a ser vinculantes, pero sí pueden servir para colaborar en la detección de los alumnos con altas capacidades intelectuales y en las medidas más convenientes a adaptar en cada caso, por lo que no se explica la razón de que no se haya dejado en la Orden una vía abierta para que se puedan aportar informes profesionales o valoraciones técnicas adecuadamente realizadas”.

Por lo que he podido leer de otras sentencias, y por favor, que nadie se fíe nunca de este tipo de referencias sin leer directamente a su fuente, los tribunales suponen el buen hacer de los profesionales privados y de los padres, y de este modo, según el Tribunal Superior de Justicia de Castilla la Mancha RECURSO 715 de 2001 Resolución Nº. 96 de 2002:

“El minusvalor que tradicionalmente se ha venido aplicando a los dictámenes emitidos por perito no judicial viene determinado no por la menor preparación o prestigio de quienes los emiten, sino por la desconfianza respecto a la influencia que el interés particular de la parte que encarga y paga el trabajo haya podido ejercer sobre la objetividad del profesional. Sin necesidad de entrar en la cuestión de si la nueva regulación de la prueba de peritos introducida por la Ley de Enjuiciamiento Civil debe hacer replantear la consideración que hay que dar a este tipo de prueba, consideramos que no es imaginable que en el supuesto de autos los padres de la menor hayan pretendido obtener un dictamen que no responda a la opinión sincera y científicamente meditada, no torcida ni mediatizada por intereses espúreos, de quien lo emite.”

Así pues, presentad por escrito al centro educativo vuestro diagnostico, solicitando del Servicio de Orientación Psicopedagógica el correspondiente informe. Tratad de hacer valer vuestro diagnóstico, pero olvidaros de imponerlo. Exigid la máxima pulcritud si es necesario repetir la pruebas y cruzad los dedos.

Si el SPE os niega las altas capacidades, o no os dan respuesta en un plazo prudencial, presentad un escrito ante la Inspección Educativa y, por supuesto, id pensando en buscar otro “cole”: El actual no será capaz de entender las necesidades del niño.

Si no obtenéis la respuesta que buscáis en la inspección educativa el siguiente paso es recurrir a los tribunales de justicia. Este es un camino complicado y doloroso para el niño y sus padres. Cada caso será su propio mundo. Es una opción, pero personalmente trataría de explorar antes cualquier otra posibilidad.

Rizando el rizo: Informes contradictorios

Insistimos en que a pesar de ciertas posturas recalcitrantes no podemos pensar que el sistema educativo está en contra de los niños con altas capacidades, sencillamente no los conoce. Es distinto para los padres asumir la situación de sus hijos como fruto del desconocimiento que de la marginación, aunque eso no hace menos dolorosa la sensación de estar estrellándonos contra un muro. Lo cierto es que a veces el centro realiza su propia prueba, aparentemente correcta, y en este caso el resultado no es de AACC. Los padres se encuentran con dos pruebas con 30 o 40 puntos de CI de diferencia: ¿Cuál es la buena y quién nos quiere engañar?.

En primer lugar es necesario mantener la calma y tratar de buscar una línea de colaboración con el equipo psicológico del centro. Esta es una situación que se produce con bastante frecuencia y los motivos los encontrareis explicados en este artículo. Pero no se trata de buscar culpables sino de solucionar este problema. El árbitro es la Inspección Educativa, a la que debéis dirigiros abiertamente, sin recelos y sin revanchismo. Por las malas os veréis envueltos en un autentico choque de trenes contra el sistema.

En este punto es vital el gabinete privado que hayáis elegido. Presentaros ante vuestro inspector diciendo que el informe del SPE está mal y que el que vale es el vuestro parece un papelón, y es posible que lo sea. Los especialistas solventes en altas capacidades están tratando de crear puentes con las administraciones educativas y en algunas comunidades autónomas han conseguido que sus informes sean aceptados sin más trámites. En el resto será necesario que ellos mismos hagan valer sus informes y, si habéis encontrado un profesional serio y solvente, no tendrá problemas en hacerlo. La inspección educativa empieza a ser consciente de que tiene un problema con detección de las AACC y os escuchará. Lo que no quiere decir que vaya a daros una respuesta rápida y favorable a todas vuestras solicitudes.

Conclusiones

Ya tenemos nuestro dictamen, el centro escolar cubre las necesidades especificas de nuestro hijo y el gabinete psicopedagógico comprende su situación y está plenamente implicado con su desarrollo académico y emocional ¿Se han terminado nuestros problemas? La respuesta es que no. Conseguir un dictamen y una adaptación curricular para nuestro hijo solo resuelve una parte del problema, a veces ni esto (ojito con “saltar de curso” alegremente).

Nuestro hijo seguirá siendo igual de complicado, sorprendente, problemático y maravilloso. No recuerdo en qué película una abuela explicaba que había dos formas de entender la vida: como una predecible noria que da vueltas y vueltas siempre a la misma velocidad o como una montaña rusa que nos sorprende en cada recodo. Desde este punto de vista tener un hijo con AACC es como subirse en el “Dragón Khan”.

La información de este artículo no os servirá para solucionar ninguno de los problemas particulares que podáis tener, pero es una guía del rumbo a seguir. En el caso concreto de las AACC internet está lleno de casuística particular, información incompleta o errónea, indignación, desorientación y rabia. Esto es lo que hay. No es mucho, pero no dejéis que les quiten nada de ello a vuestros hijos.

 

 

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