Reflejos Primitivos: Guía práctica para padres.

El cerebro humano incorpora un sencillo “software de fábrica”. Esta breve frase resume el contenido del siguiente artículo. De hecho no se trata de una característica exclusiva de nuestra especie. El cerebro de los animales superiores viene provisto de determinados “programas” que les permiten adaptarse al medio y poder desarrollarse en las primeras etapas de vida. Se trata de los reflejos primitivos. Este hecho puede parecer increíble la primera vez que se escucha y resulta siempre sorprendente por sus profundas implicaciones, pero no se trata de ninguna novedad.

En la actualidad hay varias decenas de reflejos primitivos identificados, alguno de los cuales comentaremos en este artículo. Cada uno de ellos ayuda al niño a superar una fase de su desarrollo. En el momento del parto son los reflejos primitivos los que ayudan al niños a salir del útero y a comenzar a respirar. Pero la parte más sorprendente de estos reflejos es que presentan un carácter secuencial, es decir, cada uno de ellos aparece y desaparece en un rango de edad acompañando el desarrollo del niño. De hecho los pediatras utilizan estos reflejos para evaluar el desarrollo del bebé y determinar existen daños neurológicos. Quién y como codifica toda esta información en el cerebro en desarrollo son preguntas tan subyugantes como difíciles de responder y tienen profundas connotaciones en nuestra forma de entender quienes somos. Creemos que con estas líneas habremos atrapado vuestra atención, pero también es posible que vuestra imaginación trate de alzar el vuelo. Dedicaremos una parte de este artículo a tratar de acotar nuestras expectativas dentro de unos límites racionales.

Hechos probados

La medicina ortodoxa y canónica comenzó a reconocer, estudiar y clasificar los reflejos primitivos en la primera mitad del siglo XX. Este trabajo se encuadraba dentro de los primeros desarrollos de la neurología como especialidad médica. Nos referimos a los trabajos de, entre otros, Joseph Babinski, Johann Susman Galant, Boris Petrovich Babkin o Erns Moro. La activación o desaparición de algunos reflejos pueden indicar, tanto en niños como en adultos, la existencia de daños neurológicos, por lo que se siguen utilizando en la actualidad como pruebas diagnósticas iniciales antes de someter al paciente a otros análisis más complejos.

En lo que concierne al desarrollo infantil durante los primeros años de vida debemos saber que algunos de estos reflejos se activan incluso antes del nacimiento, mientras que otros van apareciendo durante lo primeros meses de vida. Hay reflejos que permanecen durante toda nuestra vida y otros que desaparecen, se “integran”. La función de alguno de ellos es clara, como el reflejo de Galant que ayuda al bebé a atravesar el canal del parto mientras que la utilidad de otros resulta mucho meno obvia. Parece claro que la aparición e integración de estos reflejos debe estar íntimamente relacionada con los llamados “hitos de desarrollo” del niño que podemos ver en las siguientes infografías. También existen algunos estudios que relacionan una incorrecta integración de estos reflejos con un bajo rendimiento académico y falta de habilidades físicas en etapas posteriores del desarrollo. Sally Godart es una de las mejores especialistas en este campo. Sin embargo es poca la información contrastada y fiable que podemos encontrar al respecto. Por contra existen multitud de “terapias” y “métodos” que no ofrecen ningún tipo de estudio que avale sus afirmaciones. A ellos nos referiremos más adelante.

Terapia de los Movimientos Rítmicos

Hemos dicho que una parte importante de los reflejos primitivos debe desaparecer a medida que el niño va madurando, pero es no es siempre así. En ocasiones estos reflejos siguen activos incluso en la etapa adulta. Las consecuencias de este hecho son muy diversas: desde no poder soportar el elástico de la ropa en la cintura (reflejo de Galant) hasta problemas de lateralidad que parecen estar detrás de algunos casos de dislexia (reflejo tónico asimétrico de cuello).

En la década de 1980 el psicólogo Peter Blyte, la fotógrafa Kerstin Linde y el psiquiatra Harald Blomberg desarrollaron un método para conseguir la “integración” de estos reflejos persistentes denominada Terapia de Movimientos Rítmicos. Se trata de una sencilla tabla de ejercicios específicos para cada reflejo activo que provocan su paulatina inhibición. Estos ejercicios reproducen los movimientos que el niño debería haber realizado naturalmente en un momento de su desarrollo, pero que por algún motivo no llegó a hacer: volteos, estiramientos, flexiones,… Nuestra experiencia nos dice que aquellos niños que no se mueven libremente durante los primeros meses de vida presentan varios de estos reflejos sin integrar. El método funciona, al menos durante la primera infancia según hemos podido comprobar: en Baby´s Brain utilizamos algunos de estos ejercicios para la integración de reflejos primitivos en niños de hasta 3 años.

Hacia Oz

A partir de este punto pisamos un terreno resbaladizo. Sin negar la validez de todo lo anterior tenemos que hacer algunas puntualizaciones.

A pesar de los sólidos indicios de la utilidad de la TMR, especialmente en aquellos niños que muestran algún tipo de retraso madurativo, no se han realizado estudios serios que demuestren una relación causa-efecto entre la integración deficiente de un determinado reflejo y un problema de desarrollo. Como hemos comentado anteriormente, existen algunos estudios que muestran una prevalencia de niños que en los que no se han integrado correctamente estos reflejos entre los alumnos con un bajo rendimiento académico. Lo que no hay son trabajos concretos que avalen la validez de la TMR (terapia de movimientos rítmicos) como tratamiento válido de problemas como la dislexia o la enurésis. Menos aún para el tratamiento del controvertido THDA (Trastorno por hiperactividad y déficit de atención). Esto no significa que la aplicación de la terapia no pueda resultar útil, sino que no hay evidencias de que se trate de un método eficaz o de un placebo para el tratamiento de estos desordenes.

Existen multitud de centros que ofrecen tratamientos con TMR. También existen varios métodos pedagógicos y clínicos que aplican los tratamientos TMR. Puede que una de las aplicaciones más conocidas la TMR sea la Optometría Comportamental, pero a medida que avanzamos en este artículo vamos difuminando los límites del mínimo rigor científico. En concreto este estudio pretende demostrar la validez científica de la optometría comportamental sobre una base de ¡32! sujetos.

Aliñar las ideas preconcebidas con una capa de barniz científico es una epidemia en nuestro tiempo, quizás por eso unos mitos se mezclan con otros y al final se ofrece al público un bizarro castillo de naipes en el que se mezclan ideas peregrinas de las más variadas procedencias. En la página oficial de Harald Blomberg para España encontramos este enlace a un artículo que nos advierte muy seriamente de que: el gluten “podría” estar detrás “muchos” trastornos neurológicos. Con el mismo rigor se habla de una “Mejoría Frecuente” que “podría” beneficiar a un 10 o 20% de los pacientes… En todos estos casos se toma un arriesgado atajo entre los indicios, que podrían revelar descubrimientos útiles (o no), y las terapias, que son la forma de rentabilizar la investigación.

Lo más triste es que, a pesar de todo, nuestra experiencia profesional nos hace creer que hay un poso de verdad en al final de este largo túnel, pero la precipitación, la falta de profesionalidad y la avaricia pueden dar al traste con interesantes líneas de investigación.

 

 

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